Arxivar per febrer de 2012

Placer, riesgo y protección. Una reflexión sobre la sexoafectiva en las personas con Discapacidad Intelectual y del Desarrollo. Gemma Deulofeu. Sexóloga especializada en Discapacidad Intelectual

Sexóloga especializada en Discapacidad IntelectualLas personas con discapacidad Intelectual muestran dificultades y limitaciones para la puesta en práctica de habilidades sociales, no tanto por las dificultades propias, sino más bien por las barreras que se levantan por encima de ellos, limitando, en la mayoría de los casos, las oportunidades para disfrutar de relaciones afectivas saludables, para disfrutar de la intimidad y privacidad así como para la expresión y satisfacción de aspectos vinculados a la afectividad. Sí bien es cierto que son un colectivo vulnerable a los abusos por la falta de autorregulación, baja conciencia de riesgos, dificultades en las habilidades interpersonales, etc, no por ello debemos menospreciar sus deseos y anhelos, necesidades de amor, afecto y contacto. Socialmente se activan unos mecanismos de control y contención permanente que no permiten su desarrollo y satisfacción, no respetándose sus derechos en una medida que es preciso considerar. El camino hacia un cambio necesario, valorado como positivo desde todos los sectores profesionales y las familias, ya se ha iniciado.
Existen toda una serie de creencias que promocionan pánico y temor a abordar la materia en sexoafectividad, por ejemplo que sí educamos sobre sexualidad promocionamos conductas sexuales descontroladas. Eso no es cierto, educar permite adquirir conocimientos y destrezas básicas para enfrentarnos a la realidad, con todas sus alegrías y riesgos. Evidentemente en la vida no existe riesgo 0 en absolutamente nada. Cuando más formados e informados es mucho mejor.
Otro concepto erróneo a desterrar es la correlación entre discapacidad y sexualidad, todas las personas estamos capacitadas para sentir y expresar amor y afectividad. Tener en cuenta pues su derecho y capacidad en la afectividad y sexualidad hasta donde el individuo pueda y quiera desplegar. En el sentido positivo y saludable, quiere decir sin hacer daño a uno mismo o a los demás permite el crecimiento humano, el bienestar y felicidad en el individuo.
La sexualidad es inherente a todos: nuestra sexualidad es lo que hacemos, lo que pensamos y lo que sentimos. Esto es transversal en todas las personas humanas.
Y todos vamos perdidos, con incertidumbres a medio concluir, con diversidad de opiniones y actuaciones. Cada familia, cada profesional y cada individuo es un mundo. Las generalizaciones empobrecen el trabajo con las personas aunque facilita, y mucho, un patrón de intervención para los valientes profesionales y entidades que quieren poner manos a la obra. Cada vez más!. Y las familias también se encuentran mejor asesoradas, más protegidas y con actitudes más tolerantes a cuidar este aspecto tan fundamental como la salud sexual.
Por lo tanto, existen tres pilares susceptibles de ser educados para mejorar la capacidad de respuesta frente a las necesidades afectivo-sexuales de las personas con discapacidad intelectual:
1. Las personas con discapacidad
2. Los familiares
3. Los profesionales
En todos los casos la formación, reflexionar sobre los estereotipos y buscar estrategias para cada persona nos permitirá garantizar el bienestar y la protección en su entorno. Educar para prevenir y mejorar la calidad de vida. Educar para facilitar un criterio sano, respetuoso y responsable en las relaciones humanas.

Trabajar la capacidad de consentir y de establecer límites entre las personas con discapacidad es también un aspecto importante para la promoción de la salud y bienestar. Es necesario intervenir de una manera rigurosa mediante una actitud proactiva, valorando su nivel de conocimientos en sexualidad porque en demasiadas ocasiones, se sobreestima o minimiza sin asegurarnos de dónde partimos y a dónde queremos llegar.
Os invito a que reflexionemos juntos, familiares y profesionales, para darnos ayuda mutua y ser más competentes, y estar menos angustiados o incómodos, cuando hablamos sobre sexualidad y discapacidad.

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